Aaaaiiih...

jueves, 8 de abril de 2010

Cuando Atelier Boz conoció a Trinity Blood.



Tragos de nube

miércoles, 7 de abril de 2010

Creo que a veces un poquito de inspiración y derramar algún suspiro no viene nada mal.















Poke Yourself!

miércoles, 17 de marzo de 2010

Últimamente voy buscando un poco de inspiración en revistas, blogs, foros, webs, para que se me encienda alguna bombillita en la cabeza. Llevo días hojeando una tras una mis Bibles, buscando algún conjunto que me ilumine, pues hay mucha ropa que compré en Japón y que todavía no me he puesto, porque no termino de encontrar el conjunto adecuado para cada prenda.
Intento en mayor o menor medida que cada outfit sea único y completo. Desde que volví de Japón, me pongo pestañas postizas cuando me arreglo, me crepo un poco el pelo y sigue intentando reflejarme en cada prenda de ropa.

Tú evolución en el Lolita viene ligada a tu evolución como persona. Por eso al principio tus conjuntos son más simples y quizás transmiten menos a las personas que lo ven. Intentas poco a poco darle un toque personal a todo lo que utilizas, intentas poco a poco reflejarte y ser tú misma. Es por eso que todas pasamos por distintas etapas, no porque seas una chaquetera, sino porque te vas encontrando poco a poco y vas evolucionando como persona, como ser, buscas tu hueco en este hormiguero.

Hace poco fui recopilando fotos de algunos conjuntos que mostrasen mi evolución como persona y que poco a poco fuesen descubriendo quien soy.
Preparaos para muchas fotos, aunque prometo ser breve ;)

El primer vestido que compré fue de Baby, the stars shine bright, aproveché y en el mismo pedido me compré un headdress y un bolso. Un día iba a una quedada y unos amigos de mis padres llegaron justo cuando yo salía por la puerta. Insistieron en sacarme una foto
Después por subasta compré un par de vestidos más. Quería probar con el rosa y el vestido me lo puse dos veces en toda mi vida y lo colgué durante meses en mi armario. Han sido las dos veces que he salido de mi casa sientiendo que iba disfrazada.
Mi madre me regaló el vestido de The Little Red Riding Hood de Baby. Tampoco es que me lo haya puesto mucho, lo cierto es que me lo habré puesto 5 veces, pero al ser un regalo de cumpleaños no quiero venderlo.

Poco a poco fuí comprándome accesorios y más vestidos. Con todo este tiempo y mirando atrás, me doy cuenta que me he ido encontrando poco a poco, y me he atrevido con conjuntos algo más excentricos y personales.
El de la Tokyo Decadance de Barcelona, el conjunto de la Tea Party de Baby en Barcelona, donde me puse mi primer vestido de Baby, aunque ni parece el de la primera foto, fiestas y más fiestas, eventos, eventos, eventos y más eventos, pero al final acabas siendo tú misma.

Cielo en los labios

jueves, 25 de febrero de 2010

Cuando estás en Japón, la adrenalina que genera tu cuerpo hace que veas las cosas desde una perspectiva algo distorsionada. Puede que simplemente sea mi mente la que está distorsionada. Pero lo cierto es que cuando vuelves por segunda vez, ves las cosas con otros ojos, la emoción sigue estando ahí, a cada paso, en cada café que tomas, pero puede que la llama de la ilusión que ardía en tus ojos la primera vez, sea mucho más ténue en la segunda.

Puede que sea un caso aislado, pero cuando vas allí a vivir las cosas de primera mano te das cuenta que te aferras a algo que ya no existe, que vive de tu ilusión, pero justamente es esa ilusión lo que hace que sea cada vez algo más íntimo, más tuyo, lo que te conforma como individuo. Y es que por encima de todo, debe primar el individuo, con sus intereses, aptitudes, ambiciones, inquietudes y todos los "-es" que queráis añadir. El sentimiento de hermandad, ese asentamiento de pertenecer a un colectivo, hace tiempo que murió en mí. Vivo como individuo, puedo compartir más o menos intereses con un grupo concreto de personas, pero identificarme con ese grupo es algo que deseché hace tiempo.

Está de sobra hablar de lo que significa para mí o lo que deja de ser; yo lo sé y eso me basta; pero cuando el consumismo te invade, necesitas algo que te haga reaccionar, algo más allá de ese pieza acuarelada.
Y de pronto te encuentras con ello, y sientes que se te encienden las mejillas y no precisamente del frío, puede que incluso se te escape una lágrima o una sonrisa burlona.

Porque esa comercialización masiva de valores, de unos valores que nos han hecho creer como si fuesen las Sagradas Escrituras dejan de tener sentido cuando los prostituyes tan a la ligera. Valores que hemos querido materializar, que hemos querido amoldar a nuestro yo interior, valores prefabricados. Prefabriados porque nos los hemos inventado para encontrar alguna raison d'etre a lo que somos.

En una visita a la ciudad de Osaka me encontré probablemente con uno de los carteles más significativos y que mejor pueden reflejar lo que soy (iba a utilizar "somos" pero si yo no me identifico con un colectivo, puede que simplemente ese colectivo no se identifique conmigo y se sienta confrontado con mi opinión). Está grabado en mi corazón desde que lo ví, cosido con hilo de oro en mi realista locura.

Cada detalle de nuestro ser no es más que una reinterpretación de todos los inputs que recibimos.